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Como defensor de los saberes y tradiciones de los pueblos purépecha, el padre Francisco Martínez




Morelia, Mich., México, 3 de junio de 2019.– En el contexto del 158 aniversario del fallecimiento de Melchor Ocampo, el sacerdote Francisco Martínez Gracián, recibió la Presea Melchor Ocampo, -la máxima distinción que otorga el Congreso del Estado Libre y Soberano de Michoacán de Ocampo-, por su labor en la Meseta Purépecha, donde ha influido en la solución de conflicto sociales en comunidades, en la protección al medio ambiente y en la contención de la tala forestal; y también, por su defensa a la educación y la fundación de escuelas; y en general, por su indeclinable defensa de los saberes y tradiciones de los pueblos purépecha.



Al hacer un recuento de las razones de este reconocimiento al padre Francisco Martínez, la diputada Cristina Portillo Ayala -con la representación del legislativo, y ante representantes de los tres poderes de gobierno-, sostuvo que su labor, igual que Melchor Ocampo, ha ido mucho más allá de las ideas, y ha dado el paso al frente a la práctica de sus principios y de la lucha por sus convicciones.



Dijo que Melchor Ocampo estaba convencido que la educación era el pilar fundamental para el desarrollo de México, y por ello fue un sólido divulgador del conocimiento. Incluso donó su biblioteca al Colegio Primitivo y Nacional de San Nicolás de Hidalgo. Igual que Ocampo, Francisco Martínez defiende la noble causa de la educación, es fundador de escuelas, promotor de la cultura, escritor y férreo defensor de las tradiciones de nuestros pueblos de la meseta. Esa pasión de servicio, y esa firmeza de convicciones, los une a los dos, subrayó.



Ocampo, agregó la legisladora de Morena, vivió en un momento en que uno de los principales enemigos de la Nación Mexicana, estaba adentro, pero también vigiló cualquier amenaza del exterior, contra la soberanía nacional. Hoy las cosas han cambiado, y ante los atentados del exterior, México responde con solidez, y con la búsqueda de la paz -hacia afuera y hacia adentro-; y Ocampo se tornó en una luz importante en esta coyuntura, dijo.



Aseveró que en esa búsqueda de la digna unidad, “… cabemos todos, religiosos y laicos, y de igual forma en la lucha contra los grandes males del país, como son la corrupción, la inseguridad y la miseria: todas y todos, somos necesarios, laicos y religiosos”.



Portillo Ayala aseguró que, ambos, son pacifistas y cada quien a su modo, enfrentó las amenazas de los invasores. Ocampo contra la invasión yanqui; y el padre Francisco Martínez, “… evitando la invasión de la economía negra en la meseta, esa que tala los montes, engancha a los jóvenes y los lleva a un camino sin retorno, y que promueve la confrontación”.



Ocampo y Martínez, “… han usado la organización del pueblo, el conocimiento y la promoción del bienestar, como las armas mas notables para cambiar”, afirmó.



Precisamente así, el padre Martínez Gracián, ha sido promotor del diálogo y la pacificación entre los pueblos de la Meseta Purépecha. Su papel, fue fundamental en el convenio de paz alcanzado entre Cocucho y Urapicho; así como para firmar los acuerdos de linderos entre las comunidades de Corupo y San Felipe. Su talento, agregó, lo ha puesto al servicio de las comunidades indígenas que sufren escasez de agua potable, lo que ha impactado positivamente para mejorar la calidad de vida de los habitantes de decenas de comunidades de la meseta.



Igual que Ocampo, el padre Francisco, se ha colocado al frente en la defensa del medio ambiente y la promoción de la sustentabilidad, al promover campañas de limpieza y acciones para el manejo integral de los residuos sólidos, lo mismo que en la reforestación y el combate de incendios forestales.



Por eso y más, y por estimular los esfuerzos que hacen viva la esperanza y la fe en un mundo libre de contradicciones, especialmente para los más pobres, José Francisco Martínez Gracián, es un signo representante de las causas y el legado de don Melchor Ocampo.



Cristina Portillo fue clara: Esta presea, obliga al padre Francisco Martínez, ahora, a un enorme compromiso con Michoacán: ser promotor de la cultura de la paz que edificó Melchor Ocampo, con su ejemplo y sacrificio.



En este contexto, y parafraseando al prócer Ocampo quien dijo: “Es hablándonos, y no matándonos como debemos entendernos”, esta circunstancia será el signo del nuevo apostolado de Francisco Martínez Gracián al que le convocamos los michoacanos que confiamos en su liderazgo, para seguir honrando la causa de la concordia y el diálogo, que ya ha hecho suya, concluyó la diputada de Morena, y presidenta de la Comisión de Gobernación.

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