Morelia, entre el caos vial y la omisión oficial: "fotomultas" asoman como negocio recaudatorio en plena parálisis urbana.
- Altorre

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Morelia, Mic., 15 de abril de 2026.- El tránsito vehicular en Morelia ha dejado de ser un problema aislado para convertirse en un entramado complejo de fallas estructurales, omisiones institucionales y desorden cotidiano. Circular por la zona urbana implica enfrentar una red de semáforos desincronizada que, lejos de agilizar la movilidad, la entorpece y multiplica los tiempos de traslado.
A ello se suma el caos generado por el transporte público en horas pico, donde la falta de regulación efectiva permite maniobras imprudentes, ascensos y descensos en cualquier punto, y una competencia desleal por el pasaje que termina por colapsar vialidades clave. Paralelamente, la permisividad de autoridades municipales hacia proveedores y abastecedores que invaden calles para carga y descarga, sin horarios ni orden, profundiza el descontrol.
Las condiciones físicas de las vialidades tampoco ayudan: calles deterioradas, mal diseñadas, con dimensiones insuficientes para el crecimiento vehicular, agravan el problema día con día. En ese mismo tenor, los estacionamientos —particularmente en mercados— operan con tarifas elevadas y sin apego a reglamentos, ante la omisión del propio municipio que debería supervisarlos.
Como si lo anterior no bastara, las constantes manifestaciones, bloqueos y cierres viales terminan por paralizar la ciudad de forma recurrente, afectando a miles de ciudadanos que ven comprometida su movilidad sin alternativas reales.
En este contexto de desorden generalizado, la implementación de “fotomultas” no puede interpretarse como una medida integral de movilidad, sino como un mecanismo meramente recaudatorio. Más aún en tiempos de campañas políticas, donde surge la sospecha legítima de que estos ingresos pudieran terminar financiando estrategias de promoción político-electoral.
La advertencia es clara: en una ciudad donde el problema es sistémico, castigar al automovilista sin corregir el fondo es, cuando menos, cuestionable. Aguas, morelianos: no se trata solo de multas, sino de exigir orden, planeación y responsabilidad a la autoridad.


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